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miércoles, 1 de julio de 2015

Contribuido por el señor XX-36. Estos hechos ocurrieron por el año 2014.

Soy fotógrafo profesional, vivo en España y tengo 40 de edad. Hace unos años estaba en casa, aburrido, y empecé a chatear. Como para animarme un poco elegí una sala de sexo. En ese tipo de chat hay más hombres que mujeres. Supongo que en proporción de 20 a 1. O sea, los hombres ganamos (o perdemos, según se mire) por goleada. Lo sé por una amiga que entra de cuando en cuando, y anda haciendo malabarismos con las decenas de privados que le abren los tipos para proponerle o mostrarle algo.
En fin… lo cierto es que me metí y comencé mi chateo. Le proponía a toda fémina que caía (bueno, lo de caer es un decir…) tener sexo directamente. Bien en plan porno, sexo a full entre desconocida y desconocido. Iría a su casa y ella me haría lo que le pidiera, pero sin previo romance ni besos ni pérdida de tiempo ninguna, sin siquiera decir hola ni nada. Ella abriría la puerta, se arrodillaría y bueno, vosotros sabéis… no hay necesidad de explicar más. Obvio que algunas (ya ni recuerdo cuantas) me enviaron a donde se destinan los subproductos corporales, lo que hizo desesperarme de encontrar una compinche. Las mujeres no tienen verdadera fantasía ni sentido del humor... Dicen liberarse pero son tradicionalistas por definición. No soy misógino, no. Es así, son así. En el fondo nunca han salido del confesionario. ¡Así nunca será posible que la humanidad progrese en serio!
Pero contra todos los pronósticos, apareció una, una que estuvo de acuerdo. Ella se encargaría de hacer lo que se hace arrodillada fuera de una iglesia y yo le haría fotos mientras lo hiciera.
Entonces, apenas me abrió la puerta (bueno, en verdad en cuanto apenas la cerró) clavó puntillosamente sus rodillas en el piso y me… bueno, si no lo dije antes, no pretendáis que lo diga ahora. No hicimos mucho más que eso. O sea, eso y unas fotos que debo tener por ahí. No fue fácil lo de las fotos, digo, porque había que sostener la cámara y también la erección. Y uno no siempre puede estar tocando la campana y dando misa en simultáneo. Encima no estaba en mi estudio, toda una complicación técnica. Además sólo quería que me succionara (¡ay, lo dije sin querer!, no volverá a pasar, espero) y después irme. En síntesis, usarla como si fuera una puta, un pañuelo descartable, esa era la idea original y de hecho se cumplió. Porque a decir verdad, aunque no quisiera afectar su autoestima, la mujer no me gustaba y ella quería follar en regla, ortodoxamente, pero yo no; poco más y pretendería su débito conyugal. ¡Qué inmoralidad, a dónde vamos a parar! Pues que ahí terminó todo: un toque y me voy o, mejor dicho, un chupi y me fui. Pero antes de irme, estuvimos un rato charlando y viendo las fotos en mi cámara. Descansando del jueguito oral que por cierto me dejó satisfecho. Yo seguía desnudo, abrazados los dos, y ella acariciaba mi polla ya dormida...
En fin, que ella quería más sexo y yo también pero yo con alguien que me gustara. No hubo segundas partes, ni buenas ni malas. En fin, de ser hoy le diría: no eres tú, soy yo… y quién sabe, por ahí hasta me creería.
Así que, vuelta a remarla. Vuelta a chatear y chatear. Como dicen los argentinos en esos casos: una paja. Qué paradójico ¿no? Digo, que buscando algo tan lejano a una paja se tenga que aguantar una paja de amansadora, metafórica. Hay mujeres que van —creen— al chat a conseguir su príncipe cibernético y sólo logran suplantar su príncipe azul por un viejo verde pero bueno, es lo que esta clase de ingenuas entiende. Otras chatean para que les digas alguna cosa linda que el marido nunca aprendió ni aprenderá. Otras se largan si no cumples con sus unilaterales exigencias.
Pero no nos desviemos. El tema es que insistí y es cierto que quien persevera algo logra. No vamos a decir que triunfa porque sería subjetivo. Así que apareció la chica que contra toda probabilidad era linda, es linda. No será Brigitte Bardot a los veinte años, pero —¡joder!— ¿cuantas BB hubo desde los tiempos de Eva? Que en Francia a BB hasta le levantaron un monumentillo y eso que los franchutes son gemelos de los escoceses (¡o de los suizos!) en eso de no gastar un euro de más…
Como dije, apareció la morocha y a mis ojos estaba buena. Y bueno, que no era como la otra ni ahí. Pero yo había cambiado, pues mi fantasía no tiene límites, al menos eso creo. Le conté de mi anterior foto-porno y se interesó. Nos intercambiamos fotos por Skype y todo eso. Se ve que le gusté también. Vamos que uno no será Alain Delón pero tampoco el monstruo de Frankenstein. Resultado: ya no me conformaba con sólo follarla, no. Quería más, así que le recordé mi profesión y, como dije, le interesó la idea completa. Idea que yo cavilaba de hacía tiempo. Entonces, ¿por qué no realizarla ahora con esta cómplice? Tan simple: nos sacaríamos fotos. Desnudos, se entiende. Haciendo el amor, se entiende. Es decir en perfecto español: follando como cerdos. En lo demás todo igual. Ella entraría y sin mediar palabra, sin un beso, sin una caricia, a la cama, o a donde fuera. No habrá fotos de tu cara si no quieres —le dije— pero ella no pareció importarle ni medio. Le encanta su cuerpo, y —¡joder!— que tiene razón, es estético, muy estético, y muy deseable por cierto.
Pero hubo un preámbulo a mi fantasía completa. De no haberlo no habría sido mujer y doy fe que lo es ¡y cómo! Así que primero en casa de ella, me dijo. Otra vez la pelota a la calle. Pero para allá fui. Con una mujer no se debe discutir la localía. Que por más decidida que parezca, toda mujer tiene que entrar en confianza, una regla básica se ve. Lo que digo, nunca iremos a progresar… Para colmo de delicias sabe follar muy bien. Vaya si sabe. Se las sabe todas y algunas más, como se decía de un florentino del siglo XV. Es decir, fue entrar y follarla sin mediar un ¡hola! Y bueno qué puedo agregar de aquel día… que uno tiene derecho a entretenerse un poco, que no todo tiene que ser trabajo y obligación. Un rato de esparcimiento pleno no se le niega a nadie y eso fue lo que hicimos. Resultado: la cámara quedó por ahí tirada. El completo reportaje porno que nos prometimos quedaría para otro día. Así que esa vez la cosa fue completa pero en otro sentido. No vamos a andar aclarando lo obvio.
Pero ya estábamos en la misma frecuencia y quedamos para otro día. Follaríamos sí, pero en determinadas condiciones pactadas. Ella me esperaría con un corsette y ligueros con medias de seda y sin bragas, bien a lo puta del Far West o algo así. Nada más llegar me la chuparía directamente, sin decir hola ni nada, una vez que la yo tuviera bien dura. Y la cosa se cumplió tal cual. Fue un encanto cuando se levantó del suelo, bien a lo deliciosamente puta, agarrándome de la polla como si fuera una manija y me condujo a su habitación donde acabamos como los dioses. Ay, qué buenos polvos que tuvimos… Qué mujer divina…
Por fin, un día convenido vendría a casa. Vivo solo y el buey solo bien se lame (¿o bien lame?, no recuerdo bien el dicho) así que no habría ni hubo problemas de terceros disidentes. Preparé todo para recibirla: luces, cámaras, ambiente… Ahora sí que sería una serie profesional, no con fotos sacadas a los tumbos en casa ajena. Y así fue. Llegó, inspeccionó todo y le gustó. Quizá comprobó que no tenía ningún minotauro escondido y empezamos. Empezamos a follar y muy rico. Succiona de primera, folla como una diosa, acaba cuanto quiere y ninguna posición le es extraña ni la asusta. Lo técnico ya estaba arreglado, así que a sacar fotos y más fotos. Cambiábamos de posición tetas, pene, vagina, culos y cuerpos en general. También la cámara, cuando podía usar la de mano. Pero con las más jugué con el remoto que me daba libertad parcial de movimientos. Fue un reportaje porno fantástico. Los tres quedamos satisfechos: ella, yo y el arte fotográfico.     
Tiempo después vino a otro reportaje pero fue más limitado, tenía un asuntillo que arreglar. Y en fin, que no sé por qué no volvimos a hacer otra serie, siendo que los dos estábamos de acuerdo y nos gustamos. Debo trabajar más, ese es mi corolario. El hombre se debe a su trabajo y, les aseguro, el mío es un trabajo doblemente fatigoso.
Pero como soy un obsesivo del compromiso y todo un profesional en mi arte, invito a toda chica mayor de edad a sacarse fotos artísticas conmigo o con otro (u otros/otras) siempre que lo desee. Les garantizo que no tendrán que gastar en ropa de moda ni en ninguna otra, pero eso sí, también les prometo que no se harán famosas. Tampoco recibirán un euro porque la Merkel los cuida y no hay que andar despilfarrando por fuera de Alemania. En fin, las espero, mis diosas. Mi email debe andar por este blog, como a la derecha y arriba, por donde dice Agradecimientos, ya que espero que la dueña de todo esto me suba esta historia… 

(Las fotos)



sábado, 23 de mayo de 2015

Contribuido por el señor XX-25. El hecho probablemente date de 2008.

Cierta vez fui con mi novia a un parque, el Simón Bolívar. Ambos habíamos pasado el cumpleaños número 24. Fue hace muchos años. Era mi novia de hacía muy pocos días. Nos habíamos besado, eso sí, pero aún no lo habíamos hecho. Estábamos cerca del anfiteatro aunque ya ni recuerdo qué banda tocaba. En realidad tampoco entonces importaba: había mucha gente y estábamos muy excitados. Se trataba de un concierto de rock. Ella tenía una falda ajustada y corta, en un momento la empecé a frotar y a abrazarla fuerte, apasionadamente.
Y ella que no, Santiago, no. Santiago, que hay gente. Pero su respiración era cada vez más rápida y eso hacía que yo siguiera adelante. Ella insistía con lo de no, Santiago, no que hay gente. Pasé mis manos por debajo de su falda sin que nadie lo notara. Creo que llegué a tocarle el muslo o quizá algo más.
—Santiago, ¿qué estás haciendo?
—Me tienes muy excitado y siento que tú también lo estás —¿qué podía decirle?, si además era cierto.
Pero no se quedó atrás pese a sus negativas:
—¿Por qué te excito? ¿Acaso te gusto?
—Lo sabes...
—¿Mucho?
Su cuerpo era hermoso, sus labios sensuales, ese trasero tan bien torneado.
No sé si le dije esto o algo peor, recuerdo que me retó:
—No hables así. Me conoces de hace dos días apenas.
—Pero no puedo ocultar lo que siento.
Ahí me volví loco y le dije:
—Mira, tócame para que veas como me tienes…
—Mejor, sólo bésame, ¿si? ¿Como buen niñito bueno?
Pero yo estaba demasiado loco.
—¡Santiago, me estás tocando!
—Vamos atrás de los matorrales, allá está más solo.
—¿No puedes controlarte? ¿Los matorrales… que matorrales?
—Aquellos que están en la oscuridad.
—No, ahí tengo miedo.
—Vamos, la pasaremos muy bien…
—No, allá está muy oscuro.
—No te pasará nada malo.
—¿Lo crees?
—Sí, ¿vamos?
—No sé... ¿te parece? ¿Y si me besas antes?
—Claro que te beso.
—Santiago, me estás tocando arriba…
Y ahí sentí un ahhhhh que me puso más loco todavía.
—No seas malo.
—No puedo aguantar las ganas...
—Compórtate,
Pero ya era un compórtate sin convicción. Así que le dije que tenía unos senos muy bellos y era cierto. Demasiado bellos…
—¿Las ganas? ¿Las ganas de qué, Santiago?
—…de tocarte.
Sus labios eran muy sensuales, demasiado…
—¿Por qué me tocas... arriba? Nadie me tocó así.
—Porque me tienes muy deseoso de ti y de todo tu cuerpo.
—¿Qué tiene mi cuerpo arriba que te gusta tanto?
—Es que imagino esos pezones marrones… no sabes…
—¿Te gustan mis senos? Si no los conoces… tonto…
—Pues lo poco que se observa entre tu escote hace volar mi imaginación.
— ¿Tanto te gustan?
—Más de lo que te imaginas.
—Si vamos a esos matorrales… ¿me respetarás?
—Lo único que te puedo asegurar es que no haré nada que tú no quieras.
—Pero no te creo, estás, estás... demasiado excitado… se te nota y mucho.
—¿Y tú no lo estas?
—Algo…
—¿Ves? Vamos, no seas mala.
—Prométeme, que no harás nada que no quiera.
—Ven, recuéstate en el césped. Vamos, está limpio y no nos ven.
—¿Estás loco? Acá no, detrás de los matorrales…
—Ok.
De más está decir que fuimos detrás de los matorrales.
—Hay gente por acá, Santiago.
—En este pedazo de acá no hay, además todos están muy ocupados con sus parejas.
—No mientas Santiago. ¿Allá atrás no hay una pareja contra un árbol?
—Vamos, amor, regálame un beso.
—Contesta, no te hagas el tonto…
—Sí, y parece que lo están haciendo.
—¿Viste? Tenía razón. Ay, mi amor, te beso, sí…
Nos besamos largamente. Yo sentía sus senos contra mi pecho y ella mi bulto que ya estaba por reventar.
—¿En serio crees que lo están haciendo, Santiago?
—Sí, mi amor, lo están haciendo y por eso ni nos mirarán. Dame más besos.
—O sea que lo están haciendo…
—Sí y siento que estás cada vez más excitada.
—La chica jadea, Santiago.
Yo aproveché su distracción:
—Santiago, no me bajes el bretel, nooooo… No, por favor que nos pueden ver.
—Está bien, amor, pero al menos tócame y siente cómo me tienes…
—Ay, dios. Es muy fuerte.
Y yo seguía aprovechando cada distracción:
—Y me bajaste el bretel nomás. Eres terco… Ahora falta que me bajes el solero…
—Ven, acomódate y te lo bajo.
—¿Te lo bajo? Ya me bajaste casi todo…
—Déjame que me siente en este tronco para que te montes encima…
—No, Santiago, eso no. Nada de montarte.
No insistí, sus tetas eras preciosas y eso por el momento me conformaba.
—¿Para que me bajaste el solero?
—Déjame besar tus pechos.
—No me desnudes más. Ay, no, por dios. Dijiste que no harías nada que no quisiera.
—Entonces dime que quieres hacer.
—Me dejaste desnuda arriba. ¿Te parece bien?
Miré con deseo esos pechos blancos, esos pezones oscuros, y contesté:
—Sí, me parece bien. Me parecen perfectos.
—No me refiero a mi cuerpo, me refiero a…
—Déjame tocar y besar esos pezones hermosos.
—¿Te parece bien que esté así en tetas? Puede verme alguien y qué va a pensar.
—Pensaría lo mismo que yo, que son las tetas más lindas del mundo…
—Eres incorregible…
—Dámelas, nadie más te está viendo. ¿Me dejas besarlas?
—Esa chica sí me las está viendo. Sólo bésalas, ¡rápido y me visto!
—Huyy, están duritas, que rico.
—¿Te gustan mis pezones? ¿Viste qué largos?
—Ay, qué rico, son bellísimos...
—¿Van a amamantar a tus hijos, Santiago?
—…duritos, parece que fueran a estallar
—No contestas... ¿estos pezones van a amamantar a tus hijos?
—Sí, mi vida, los van a amamantar. Ahora déjame meter las manos entre tus piernas, quiero ver como estás allá abajo…
—No, Santiago, eso no. Confórmate con tomarme arriba.
Así que no pude meter más mano. Estaba excitado pero en el fondo yo era un caballero y una promesa es una promesa.
—Santiago, ¿me amas?
—Claro que te amo. Entonces, tócame tú a mí.
—Bueno, eso sí. Pero no puedo abrir el cierre…
—¿Te atreves a chuparme aquí?
—¿Qué? ¿De qué hablas, Santiago?
Otra metida de pata y ya van…
—Déjame que te ayude… —mejor que se olvidara de mi exabrupto, pero no:
—¿Qué es eso de chuparte qué? ¡Santiago, pídeme perdón!
—Perdona, es que estoy tan excitado que digo cosas sin pensarlo…
—Me pediste tocarte.
—Es que… mira cómo me tienes…
—Sólo tocarte… Ay, qué enorme.
Mi pene quedó afuera del pantalón y ella sólo lo miraba. Cuando pensé que ya no se atrevería a nada:
—Enséñame a tocarte, Santiago. Enséñame.
—Bésame sólo un poco para que se ponga más dura. Vamos, bésala.
—No, no, no y no.
—Para que se ponga… no seas mala.
—No, sólo las manos. A ver… ¿cómo hago? Enséñame…
—Así, suavemente… pero apretando un poco fuerte. Déjame besar tus senos mientras haces eso.
—Sí, bésame… ya que te gustan tanto… pero no más…
Me abalancé:
—Santiago, no mes estás besando… me estás chupando... Ahhhhhhhhhhh.
Creo que fue su primer orgasmo.
—Santiago, me dijiste que te toque suavemente y te apriete un poco fuerte, ¿en qué quedamos, suave o fuerte?
—Sigue así como vas, me tienes muy excitado…
—¿Te gusta con mi mano? ¿Acelero o más lento? —dentro de su recato es divina.
—Está bien así, pero quiero sentir cómo estás allá abajo.
—No, no, no y no. Porque sé como terminará. Ahhhhh, cómo chupas. Siento que mis pezones están durísimos.
—¿No quieres tener este pene duro dentro de ti?
—No, es demasiado rápido para que quieras hacerme un hijo. Apenas dos días que somos novios.
—No, si quieres me vengo afuera.
—Prefiero.
Fue hábil, yo decía de poseerla primero y eyacular afuera pero ella interpretó lo que quiso: que eyaculara afuera sin penetrarla.
—¿Alguna vez me harás un niño?
—Cuando vivamos juntos tendremos muchos hijos.
—Pero no podrás chupar mis tetas porque estarán ocupando las bocas de tus bebés.
—Sí, sí, pero no dejes de tocarme.
—No, te quiero satisfecho. Vamos, mi amor, vamos. Vamos, así, así.
—Déjame tocar tu trasero.
—Bueno pero solo el trasero. Atrás, solo atrás.
—Qué piel suave…
—Me estás sacando la bombacha, nooooo…
—Se siente muy rico. Noté que estás muy mojada.
—No me lamas el... Basta, olvídate de adelante, sólo el trasero me dijiste.
—Qué delicia, déjame besarte allá abajo…
—Me estás lamiendo la cola…
—No aguanto más... quiero estar dentro de ti.
—No me desvirgues adelante.
—Quiero estar dentro de ti.
—No me desvirgues adelante.
—Pero si estás igual de excitada que yo.
—No, ¿quieres estar dentro mío, Santiago? ¿Eh?
—Está bien, has que me venga… pero con la mano me demoro muchooo… usa otra cosa…
—¿Y con qué?
—Con la boca.
—¿Con la boca? ¿Es eso de chicas decentes, Santiago?
—Sí, cuando se ama se hacen esas cosas…
—Esa chica que esta allá parece hacer eso…
—Efectivamente, ella ama a su pareja.
—¿Quieres que te lo haga en serio?
—Préstame tu dedo.
—Ahí lo tienes, Santiago. ¿Para qué lo quieres?
Metí su dedo en mi boca y le dije:
—Mira, quiero que me hagas sentir esto. Me harías muy feliz.
—Bien, ahora dime qué hago con mi dedo mojado. Ya… ya deja de chuparlo, ya está bien.
—Ahora haz lo mismo con mi pene.
—Ah, pero tu boca no llega hasta tu pene…
—Qué graciosa…
—Jajaja. Esta bien, ya veo lo que quieres… Acuéstate sobre el césped, amor.
—Listo.
—Ahora, Santiago, abre las piernas. Abandónate…
—Sí, mi amor, sí… lo que quieras.
—Siente como te acaricio lo que un día tendrás dentro de mí…
—…
—Siente como acaricio tus muslos…
—Sííí…
—Siente como me vuelco sobre ti…
—Delicioso.
—Siente que vas a entrar en mí pero no abajo… Siente mis labios carnosos…
—Huyyyy, qué delicia.
—Enséñame a succionar… ¿Es cierto que es como si fuera una vagina?
—Sí, la boca es como una vagina…
—Relájate mi hombre, relájate…
—Dale así, de arriba a abajo, lame todo mi miembro.
—Vamos, tranquilo, es tu novia la que te hará esto. Deja de angustiarte…
—Sí, sí, mi amor.
—Quiero besar y lamer… Ay, qué duro que está…
—Tienes unos labios muy ardientes.
—Es una piedra. Con esto me harás madre algún día…
—Sííí… ¿Me vas a hacer venir?
—Hoy será sólo un anticipo… Claro que te haré venir…
—Sííí…
—Claro que te haré llegar… Vas a ser mío… en mi boca.
—Sí, así, así, bésame allá abajo… lámeme… succióname… ahhhh.
—Sí, te voy a succionar suavemente… quiero todo tu fluido, todo tu amor…
—Vamos, mi amor, me estás chupando, síííí… Qué rico…
Ella siguió chupando y lamiendo, largando su aliento también. Cuando me soltaba, me decía entonces ven, vamos, ven… llégame…
—Mmmmm, sí, amor, sí, dame tus labios, estoy disfrutando como nunca, muchísimo… gozando, eres un amor…
En un momento paró y me dijo: ¿vas a venirte dentro de mi boca o no? Yo, con los ojos cerrados, le contesté: ya casi termino. Y ella agregó:
—Te lo haré siempre así hasta que vivamos juntos…
—Síííííí… hasta que vivamos juntos… después me darás todo…
—Porque por la boca no puedes embarazarme… Pero cuando vivamos juntos quiero que me embaraces, ¿si?
—Síííííí… Toma aquí tienes todo mi semen. Ahhhhhhhhhhhhhhhh.
Quedé muerto. Nunca había sentido tanto placer. Se acostó a mi lado, se acurrucó y se puso amorosa mientras yo me recuperaba:
—¿Estás bien amor? —me dijo.
—Te amo, eres una novia preciosa y complaciente.
—Pero, ¿te gustó?
—Me encantó.
—¿Te vas a casar conmigo o buscarás alguna de esas tilingas que andan por ahí…? —lo dijo con gesto despectivo.
—Prometo que serás la madre de mis hijos.
—La madre de tus hijos… ¿o sea que no seré tu esposa?
—Claro que sí, sólo tendré hijos con mi esposa… —lo dije medio enojado.
—Hummmm, lo pensaste mucho... No sé si me amas.
—No hables así, después de lo de hoy te amo más.
—No sé, por ahí necesitas una de esas que andan por ahí… Jajaja.
—¿Quieres casarte conmigo? —le dije en un arranque.
—¿Mañana?
—Sííí… mañana.
—Claro… lo dices para poder cogerme.
—Para irnos de luna de miel y hacerte nuestro primer hijo. Te adoro, ¿o no te diste cuenta?
—Ah, mira… Lo voy a pensar… ¿será varón o nena?
—Varón —le contesté enseguida.
—Claro, para que ande corriendo a cuanta pendejita ande por el vecindario, ¿no? Parece que quieres nietos rápido…
—Eres divina… jajajajaja.
—No, Santiago, será nena. Son más dóciles para criar.
—Será lo que Dios quiera…
—Ay, Santiago, no sabes jugar…
—La amare igual, te lo prometo.
—No sé si quiero casarme contigo… porque no sabes jugar. Si yo digo nena, tú debes decir ¡no, será varón!, y yo ¡no, será nena!... y así… ¿entiendes?
—Ok, ok.
—Y así entre no, será nena, no, será varón… me tomas y me llevas a la cama y me lo haces, tonto… jajajaja.
—Está bien pero dame un minuto, ¿no ves que acabo de eyacular? Jajajajaja.
—No será hoy. Ni lo sueñes… jajajaja.
Me acurruqué contra ella y empecé a acariciar su pubis. Su tanga seguía mojada. Fue hermoso hacerla acabar con mis manos. Me sentí poderoso cada vez que le arrancaba un nuevo orgasmo…


(Un noviazgo al viejo estilo)

lunes, 18 de mayo de 2015

Contribuido por el señor XX-21. Esto ocurrió alrededor del año 2005.

Bueno, todo pasó en la playa del pueblo costero donde vivía hace unos diez años más o menos. Era temprano y había quedado con mi novia y su amiga en visitar una playa. Se trataba de una alejada a la que siempre íbamos pero que esa amiga nunca había visto. Todo había empezado cierto día charlando de esa playa en un tenderete de amigos comunes. Esta amiga no se creía que pudiera existir una playa como esa cerca de mi pueblo. Como hablábamos y hablábamos tanto del tema, mi novia un día le dijo que se animara con su novio a verla con nosotros. Es una playa apartada, caminando se tarda como una hora en llegar y es de roca y, sorprendentemente, de arena blanca. Una mezcla que la hace espacial. Además tiene unas cuevas en las cuales te puedes refugiar del calor.
En fin, que era simplemente pasar un día de playa, aunque se convirtió en algo más al no aparecer el novio de nuestra amiga. Así que solo fuimos mi  novia, la amiga y yo. El novio no podía acompañarla por causa del trabajo.
Bueno, el asunto es que empezamos a caminar. A la media hora mi novia tuvo que parar porque bueno… tenía una urgencia. Así que paramos por ahí y mientras esperábamos, me fijé en el magnífico cuerpo que tenía nuestra amiga. Qué puedo decir… pues que tenía unas tetas mejores que las de mi novia, y con eso creo decir todo. No eran enormes, no señor, eran, digamos, medianas, pero lo que se dice muy bien puestas. Perfectas. Encima se le trasparentaban los pezones en el bikini. Olvidé decir que iba en pantalón corto y bikini, parte de arriba blanco. Hacía mucho calor.
El tema es que me quedé arrobado mirándoselas (¡y admirándoselas!). Creo que se dio cuenta pero hizo como que no le daba importancia. Claro que el bichito ya empezaba a picar...
Seguimos caminando y ya estábamos a punto de llegar a la playa cuando cruzamos otra vez miradas y ella, nuestra amiga, se echó a reír. En realidad me coqueteaba disimuladamente. Mi novia iba delante, estaba en su mundo, me tiene confianza y ni un tanto así se daba cuenta.
Por fin llegamos a la playa y ellas salieron corriendo a darse el primer baño. Era hermoso verlas a las dos juntas mientras yo preparaba todo. En principio clavé la sombrilla, y después puse los víveres y cuanta cosa que trajimos, a la sombra.
Ambas se habían quitado el pantalón y estaban en bikini.
Me acerqué a ellas y nos bañamos juntos durante un rato. Yo estaba en bañador corto y me daba cuenta cómo la otra me miraba, discreta pero bien que me miraba. Jugamos un poco los tres con una pelota, bromeábamos. Éramos jóvenes, ellas andaban en 28 años y yo apenas unos años menos. De repente, de tanto juego… ¡zaz!, a nuestra amiga se le rodó el bikini y se le vio un pezón. Una lola perfecta. Una lola para loar. No es que mi novia no las tuviera buenas pero sí un poco más pequeñas. Mi novia algo más blanquita en tanto que la otra, más morenita.
En medio del juego le di la espalda a mi novia mientras nos reíamos con la otra. Mi novia no se había dado cuenta del verdadero motivo de nuestra risa, quizá pensó que era por alguna torpeza del juego. Seguimos jugando.
La morenita se tapó la teta pero de tanto en tanto el agua le pasaba y ¡zaz! vuelta el pezón a saludarme… cosa que nos volvía a tentar a los dos… y sobre me despertaba la polla... A propósito, ésta estaba empalmándose fiero.
La morenita no le quitaba ojo a mi bulto, cosa que también la hacía reír. Solo quitaba la vista de mi bulto cuando notaba que mi novia amenazaba darse vuelta hacia nosotros. Y así durante un rato. Pensé que esto iría a acabar mal (¡o bien, según se lo mire!).
Salimos del agua cuando sentí que se me bajaba un poco la empalmada.
Nos fuimos a comer. Nos bebimos unas cervezas y nos tumbamos al sol. Mi novia así en toples bajo el paraguas y las toallas. La otra no podía en principio hacer toples, ja, ja, ja. Bien que lo hacía con mi novia en otras playas cuando andaban solas pero estando yo en medio no se atrevía. Pero mi novia la terminó convenciendo. Le dijo que no pasaba nada, que todo quedaría entre nosotros. Que su novio no tenía por qué saberlo. Empecé a ver de reojo cómo se quitaba tímidamente el bikini. Era impresionante lo bonitas que las tenía. De no creer.
El toples de ambas me provocaba ventajas e inconvenientes. Por un lado era un buen muestrario en el que uno podía comparar virtudes carnales de las dos chicas… aunque definitivamente ganaba la otra. Pero también hacía que mi polla tendiera a inquietarse, cosa que seguro haría reír a nuestra amiga pero para nada a mi novia. En fin que era una tortura tener todo ese tesoro a mano y no poder disfrutarlo como se debe. Esos dos pares de tetas a la intemperie y uno sin poder hacer nada. Hay que tener un autocontrol que ni un santo. Mi bulto ya era de órdago. Así que opté para evitar inconvenientes tumbándome boca abajo. Pese a todo, mi novia empezó a darse cuenta esta vez y tenía la cara medio cambiada. Pero bueno, qué puede hacer uno… uno no deja de ser hombre…
No sabía donde meterme porque mi erección no cedía. Así que en un momento en que mi novia no me miraba, aproveché para salir corriendo hacia el mar. La erección me precedía pero yo la tapaba con mi cuerpo de la vista de las dos. En un minuto estábamos bañándonos de nuevo, pero esta vez ellas sin la parte de arriba.
Pero esta vez me daba royo acercarme a nuestra amiga. Aunque poco a poco con el juego nos rozamos. De tan cerca esas tetas eran impresionantes, demasiado deseables.
Y antes no me había fijado en su parte de abajo, que era blanca y se notaba la rajetita de su coño totalmente afeitado. Estaba que se me salía la polla del bañador, lo único que me salvaba de la pelotera con mi novia era el agua que me cubría hasta la cintura.
En unas de esas, jugando con la pelota, nuestra amiga me rozó y notó mi polla, que encima es bien gruesa y no pequeña. Mi novia ya no hacía nada. O se lo tomaba como normal o no se daba plena cuenta del asunto, siempre tendré esa duda.
Sin querer la otra me rozó un par de veces. Pero después ya fue algo anormal, estaba excitada, y el roce era intencional.
Una amiga, con experiencia en estas lides, me dijo después que cuando una mujer roza un pene nunca es sin querer. Quizá tenga razón… No sé, juro que nunca fui mujer, ja, ja, ja.
Yo no sabía dónde meterme porque no quería sufrir las iras de mi novia, pero la otra estaba sacada y cómo. Así que en cuanto sentí el bajón de mi polla fui a tumbarme de nuevo al sol. Las dos me siguieron y se tumbaron al lado.
En esto, que me entran ganas de ir a mear y me voy a una de las cuevas cerca del mar. Ellas se quedaron tumbadas como estaban.
Cuando terminé, vi que nuestra amiga estaba viniendo hacia mí, hacia las cuevas. Así que la esperé. Venía a mear también pero resulta que, apenas llegó, empezó a decirme que no la tomara por lo que no era, y que sobre todo no quería crear problemas entre mi novia y yo. Pero mientras hablaba y hablaba, yo no podía dejar de mirarle esas tetas, ya que seguía en toples y ahora dentro de la cueva a solas conmigo. Ella seguía con su lata, no paraba de decir que no quería que ni su novio ni mi novia se enteraran de lo pasado y demás, es decir de los roces, las risas intencionadas y todo eso. En fin, de que estábamos excitados y deseosos.
Aquella amiga me dijo también que es toda una técnica. Que la mujer lo dice para que al tipo le quede bien en claro que ella lo desea y mucho. Así que la técnica, según esta amiga, empieza con “mira, no quiero tener problemas con tu novia…”
Puede que mi amiga tenga razón ya que en una de esas latas la pillé mirándome la polla, que yo tenía casi fuera del bañador.
Cuando vio que la pillé, se mordió la lengua (pero siguió mirando mi polla) y dijo de pronto ¡ay no sé qué me pasa! Y lo peor: se reía tontamente.
Yo estaba muy excitado y me abalancé sobre ella. La besé. Ella hizo como para separarse. Dijo que eso no podía ser. Volví a besarla y su cuerpo se rozó con el mío. Creo que por eso aceptó seguir con el beso. Sintió mi polla apoyada en su barriga. Vi que ya no trataba de apartarse. Es más, sus pechos se pegaron a mi cuerpo, yo no me lo creía. Sentir esos pechos piel a piel.
No aguanté más, bajé mi boca a sus pechos y chupé todo lo que pude esos pezones hermosos. Ella se movía excitada. Yo no podía creer que fueran tan perfectos. Mi polla afuera contra su ombligo, que además parecía crecer de continuo. Ella gemía muy bajo pero intensamente.
Tenía ganas de tocarla por todos lados. Y ahí, sin que le pidiera, me empezó a pajear. Mi novia seguía al sol a unos 100 metros. En una miré por si se le ocurría venir o algo, pero seguía tumbada y en su mundo. Yo disfrutaba de la paja, cuando de pronto la morenita no aguantó más y se arrodilló. Me empezó a chupar y a pasar su lengua por toda la cabeza de mi polla. Yo estaba en la gloria. Ella ponía una cara de morbo, parecía fuera de sí. Se la intentó meter toda en la boca pero no podía, yo la tenía muy empalmada, demasiado grande en ese momento. Creo que ella nunca había tenido una polla así porque no era normal como la miraba.
En ese momento quería follarla pero no podía. Hubiera sido muy peligroso tardar mucho más. Mi novia se habría dado cuenta…
Así que me corrí en sus tetas. No aguanté mucho más. Salieron varios disparos de semen, nunca me había corrido tanto. Parte le entró en la boca y muchos más en las tetas, quedó toda manchada de blanco. Quedó mirándome con cara de morbosa. Quería más pero no podíamos. Su intención es que la penetrara y acabar con la vagina pero no daba para más. De no haber estado mi novia tan cerca... Yo volví con mi novia y ella se fue a bañar directamente, sin pasar por la sombrilla, para quitarse toda la leche con el agua de mar. Y sobre todo el fuerte olor a semen.
Al rato aparecí con tres cervezas que fui a buscar a la nevera.
A la noche me cogí a mi novia en la misma caseta pues nos quedamos a dormir los tres en la playa. Mi novia me daba la espalda y se la metí despacio, lentamente. La morenita en la misma caseta pero del otro lado, casi pegada al cuerpo de mi novia. Creo que se hizo la tonta pero se dio cuenta de todo…


(Sexo en Canarias)

jueves, 14 de mayo de 2015

Contribuido por XX-20. Esto ocurrió probablemente en 2010.

Me llamo… bueno, dejémoslo ahí. Soy de de Floresta, mecánico, casi 40 abriles. Hace unos años tuve un fato con la vecina de enfrente, solterona, 59 calendarios. Entré a la casa a verle el auto pero cuando la miré me excité. Esas tetas me volvían loco. Esas tetas que veía pasar de perfil todos los días desde la fosa. Esas tetas que deseaba desde hacía años. Esas tetas que no se comparaban con las de mi mujer ni por las tapas. Esas tetas que me volvían pajero muchas veces. Esas tetas que imaginaba desnudas cuando cogía a mi jermu por las noches. Encima culona, como me gusta que sean las mujeres.
La quise besar y me esquivó. O mejor dicho intentó esquivarme porque la agarré fuerte y la besé igual. Sentí que se aflojaba un poco.
—Dejame chuparte las lolas, dale, dejate…
—Nooo. ¿Qué te pasa? ¿Estás loco? Soltame…
Pero era un nooo y un soltame sin convicción. Me avivé enseguida. Me lo decía para no pasar por puta. Así que empecé a besarle la cara. Al llegar al cuello ya me apretaba la cintura.
—Dale, dejame chupar. Sueño todos los días con estas lolas. No puedo más.
—¿Tanto te gustan?
—Me vuelven loco, ¿cuánto miden?
—Uso corpiños de 120. No sé si te da una idea…
Era una invitación. Le bajé medio vestido. Quedó en bolas de cintura para arriba. Que vista hermosa. Y así empecé a chupar esas lolas divinas.
—Nooo, nooo, pará, tu mujer va a sospechar que tardás… Soltame…
—No va a sospechar nada. Sos una clienta. Y no me voy a perder este momento…
—Nooo, nooo.
Pero un nooo entre jadeos y gemidos. Así que bajé mi mano hacia el pubis. Al tocárselo sentí que estaba mojada. Pegó un respingo, no se esperaba el manotón abajo. Pero como no dijo nada y no intentaba zafarse, seguí con todo.
Estábamos en su garaje. La puse contra el auto, de frente a mí. Me arrodille y le lamí el clítoris y el culo. Esa no falla nunca. Ella decía nooo pero abría cada vez más las piernas. Sentí sus dos veces seguidas. Después se soltó, se amasaba las lolas, se removía como loca el pelo y sobre todo eyaculaba. Sí porque eso no era una mojadura, eran chorros femeninos. Terminó ese tramo acabando sin parar, un orgasmo tras otro.
—No sabía que eras multi. Te quiero coger. Dale.
—No, por favor, no lo hagas… por favor no…
No le hice caso, más bien. La di vuelta. Ella, dócil, se dejaba llevar. Era obvio que necesitaba más.
La puse en L, las lolas contra el vidrio del coche. Separó las piernas sin que se lo pidiera. Mi pene estaba a mil. Pensé en un forro pero no era el momento de ir a buscarlo. Así que adelante con los faroles. Su caverna húmeda y caliente. Pegó un aullido corto y acabó apenas sintió mi verga. Y otro más al penetrarla. Su vagina era suave, amplia, perfecta. No podía parar de cogerla. Y ella que me acababa a lo loco. Se movía, gemía, pedía más, yo sentía su jugo que me bañaba a chorros, no podía creer que fuera tan, tan caliente. Qué mujer. Terminé acabando con un chorro largo que ella gritó sin importarle si la oían de la casa vecina o desde mi casa.
Paramos. Yo sobre ella siguiéndole la L que describía su cuerpo sobre el auto. Al rato sentí que volvía mi erección.
—Dame la cola —le dije.
—Ay, no, por favor no, por ahí no —se dio vuelta y me besó en la boca.
Eso me distrajo. Aprovechó para besarme el cuello y bajó como una flecha hasta quedar agachada. No tardé en sentir que me comía el pene. Fueron cinco minutos increíbles. Semidesnuda al lado del auto, la veía succionar y me daba ternura. Ya estaba por eyacular en su boca cuando se incorporó y me dijo:
—Acostate sobre el capot.
Le hice caso sólo para ver qué haría. Cuando sentí mi pene entre sus lolas me vino una alegría inmensa. Ay, qué turca que me hizo. Una turca de oro. Sabía usar sus lolas como nadie. Eyaculé en medio de sus lolas como nunca entre otras.
Al terminar, la amenacé medio en broma, medio en serio:
—No creas que te vas a salvar de darme la cola.
—No, por favor, no que la tengo virgen.
Sentí como un calor y un deseo lejanos aunque ya tenía el pene flácido.
—Justamente por eso no te vas a salvar —atiné a contestarle.
Me despedí con un beso, admirando sus nalgas. Tenía un culo muy deseable. Decidí que sería mío. Pero esa ya es otra historia…

(La vecina)


jueves, 7 de mayo de 2015

Contribuido por el señor XX-18.

Esa chica no era una chica, era un monumento.
Hija de lituanos, alta, rubia, voluptuosa, unas lolas de 100 cm y un culo de película, encima linda de jeta, unos 25 años más o menos.
Vivía entonces por la línea del Ferrocarril San Martín.
Pero ese día tomó el Ferrocarril Belgrano que va a Don Torcuato, parece que había un accidente en la otra línea.
A la hora que lo tomó, las 19, el tren venía al tope, te hablo de hace muchos años, por 1975 o 1980…
Viajé mucho en ese tren y te aseguro que por la época a que se refiere, los apretujones eran así a esa hora.
En Retiro algunos entraban hasta por las ventanillas para conseguir asiento, las ventanillas eran por entonces del tipo guillotina.
Ella misma se lo contó a mi mujer con la que son muy amigas.
No voy a citar nombres, obviamente.
A la altura de la estación Saldías a la rubia la apoya por detrás un morochazo enorme.
No había dónde corno moverse de apretujada que estaba la cosa.
El morochazo estaba al palo contra el culo de la mina.
Ella trataba de zafar pero era imposible, paredes humanas por todos lados.
Dicen que esas apoyadas se dan muy seguido en las horas pico.
A mí me pasó una vez que una culona me apoyara el trasero viniendo en un colectivo sin que yo lo buscara.
Bueno, no me desvío, el morochazo estaba bien al palo contra el culo de la rubia.
Otro tipo enfrente de ella se avivó que la mina quería zafar.
Ve que la rubia da vuelta como puede la cabeza para mirar con cara de orto al que tenía atrás apoyándola justamente en el ídem.
Cualquier guacho diría qué boluda, ja, ja, ja.
El morochazo de atrás se hacía el boludo mirando al techo, clásico, pero sin rebajar un milímetro la apoyada.
Y ahí el morocho de adelante la entra a franelear de frente.
Si el otro puede… ¿por qué no yo?
La mina se pone colorada pero no protesta.
Le dijo a mi mujer que sentía dos enormes aparatos.
Al rato empieza a moverse levemente también el de atrás.
Encima el bamboleo del vagón, ese ferrocarril es de trocha angosta y se mueve más que un bote en medio de una marejada.
A la altura de Ciudad Universitaria la mina ya estaba que ardía porque los tipos iban a ritmo y ni en pedo quería zafarse, así le confesó a mi mujer.
Además siempre le habían gustado los morochazos.
Astaba hasta la coronilla de que los viejos le dijeran que debía casarse con un lituano, hijo de lituanos , que tuviera cien generaciones de lituanos encima.
O a lo sumo con un alemán o escandinavo, pero lituano mejor, nena.
De hecho se casó sí, años después, pero con un latino y la familia tuvo que comérsela. Semejante minón cómo no se iba a casar.
Al acercarse a Aristóbulo del Valle la rubia piensa que ahí bajarán muchos pasajeros.
Cierto que subirán otro tanto. Pero que en el ínterin quedarían menos apretujados, aunque más no sea por unos minutos.
Para entonces ella estaba a full de caliente.
Encima entre dos morochos por falta de uno.
Pensó: ¡qué lástima, pronto habrá que separarse!
Al llegar a Aristóbulo, la mina busca meter mano en la bragueta del de atrás, que sea a modo de despedida, piensa.
Entra a putearse en silencio porque la bragueta era con botones y no de cierre relámpago.
Pero el tipo de atrás, muy atento, le conduce la manito.
El tren por fin se detiene en Aristóbulo.
Muchos pasajeros salen, pero ella ve con alivio que también entran muchos.
Un malón por la puerta que está frente a ella… pero a la izquierda del malon, otro malón que sube a la par.
Todos a los empujones y a las puteadas.
Hay gente capaz de matar por un asiento en hora pico.
En medio del bolonqui, el morochazo pegado al trasero la atrae despacito hacia la puerta cerrada que está a su espalda.
Con disimulo, el morochazo de frente sigue el movimiento, ella se deja guiar. Para entonces son un sándwich perfecto.
Sienten empujones y apretujones por todos lados.
Montones de tipos apurados hacia todas partes.
Nadie da bola a nadie, lo que menos hacen es fijarse en ellos tres.
la rubia ve de reojo que el de adelante le guiña un ojo al de atrás y alcanza apenas a disimular la risa.
Quedan en un rincón, entre un tabique del vagón y la puerta cerrada del lado derecho del tren.
El morocho de atrás pela su verga apretada contra el culo de la mina.
La mina tiene minifalda, ella siente que se la levanta.
Pero antes la rubia cierra su mano en el fuerte tronco del morocho trasero.
El del frente se aviva que la mina ya hace como un semijadeo.
Y ahí le dice al oído: bajame el cierre, rubia.
Ella no dice nada, pero un minuto después se lo baja.
Los tipos repegados a ella.
Ella con un tapado en la mano y el de adelante con una campera.
Ambas prendas puestas sobre el antebrazo que mejor los protege de miradas indiscretas. Del lado del tabique no hace falta, el tabique basta y sobra para cubrirlos de curiosos.
El de atrás se mueve lenta pero constantemente.
Ella vuelve a hacer un medio jadeo y frunce el ceño.
El de adelante entiende que algo pasa.
Se le acerca al oído: ¿te está cogiendo en serio, rubia?
Ella no contesta pero lo mira con ojos de vaca y abre la boca a pleno.
El de adelante sonríe, era fija que el otro la estaba empomando de cola.
Entonces el del frente le corre con su pija alzada la bombachita hacia el mismo costado que el otro ya le había corrido antes desde atrás.
Ahora ella siente la pija puerteando su concha.
La rubia le dijo a mi señora que ya no veía la hora de que el de adelante se la pusiera de una vez.
Separa todo lo que puede las piernas, las arquea para facilitar la cosa.
El de adelante entre bamboleos del tren y fallas en su ataque logra al fin colocársela.
La mina ya tiene las dos vergas bien adentro.
Al llegar a Boulogne el de adelante les dice al oído, mientras la siguen bombeando despacito, casi imperceptiblemente, que debe bajar ahí…
Ella le pone cara triste y entonces el tipo se queda.
Al ratito le sacan las dos vergas y las guardan como pueden.
Sabían que era mucha la gente que bajaba en Boulogne, no era igual que en Aristóbulo.
Así que dejan de cogerla.
La gente baja en malón.
Ella les avisa que debe bajar en Don Torcuato.
El de atrás le dice que vive más lejos, en Del Viso, pero sabe que en Don Torcuato hay un bosquecito muy piola, cerca de la estación.
El de Boulogne le pregunta si está de acuerdo.
Todo esto de oído a oído para que nadie se dé cuenta.
En ese tiempo no había telos swinger ni nada parecido.
Ella no habla pero asiente con la cabeza.
No ve la hora de que la penetren de nuevo.
Al bajar del tren en Don Torcuato, los tres caminan como si nada por el andén.
Lo hacen en fila india, el morochazo de atrás ahora está delante de ella y les hace de guía.
Cruzan tranquilos las vías pasando al andén que va a Retiro.
Mucha gente que bajó con ellos va hacia las paradas de los colectivos que están hacia el lado del Hindu Club.
Por un momento se detienen para que la gente los vaya superando, no se hablan, ni siquiera se miran, sólo se comunican por señas disimuladas.
Cuando todos pasaron, los tres prosiguen muy lentamente.
El morochazo que hace de guía sigue la veredita que bordea el bosquecito.
La rubia ve que tiene buenas espaldas y mejor cola.
Al que la sigue no hace falta mirarlo, lo tuvo todo el tiempo de frente mientras la cogían.
A esta altura mi mujer le preguntó si no le daba miedo ir con dos desconocidos a un lugar tan apartado.
La rubia le dijo sonriendo que ya no eran “tan desconocidos”, pero que además estaba recaliente. Y por los anillos sabía que eran casados.
Mi mujer le dice: ¿y qué importaba que fueran casados?
La rubia contesta: no sé, me daban más seguridad, sabía que no me iban a hacer daño, sólo pretendían lo mismo que yo.
Entran al bosquecito cuando ya no hay nadie a la vista.
Ya es de noche, son como las 20 o quizá más.
Se meten muy profundo entre los eucaliptos.
La luna filtra una semi penumbra entre esos árboles inmensos.
El que hace de guía le dice: ¿te parece bien acá, rubia?
Ella sonríe y dice: sí, es un buen lugar…
Los tipos se sacan los pantalones y los calzoncillos.
Ella les abre las camisas, quiere ver y sentir esas pieles.
La acarician a dúo.
Uno le dice: no te saques nada, rubia, nosotros nos encargamos…
Ella encantada, besa esos cuerpos divinos mientras siente que la van desnudando con delicadeza. Esos cuerpos fuertes, oscuros, esos cuerpos que contrastan con su piel tan blanca.
Ponen las camperas en el suelo armando la cosa a modo de cama, después todo el resto de la ropa arriba.
Encima de todo el tapado de ella con el interior sedoso hacia arriba.
Le preguntan si está bien, ella les dice que está encantada.
La besan en el cuello y la espalda, uno de ellos sigue hacia abajo mientras el otro le come la boca.
Con el de Boulogne se meten las lenguas hasta donde pueden, mientras siente que la lengua del de Del Viso juega en su clítoris. Es obvio que son casados, piensa, saben hacerlo…
Se habían olvidado de sacarle el corpiño pero cuando ven que ella misma se lo saca, van juntos hacia los dos pezones.
Ella siente en paralelo una boca en cada pezón.
Los tipos incluso cambian de lugar para chupar el pezón que no chuparon antes.
No paran de decirle que es una mujer preciosa.
Ella encantada de tener dos machazos para ella sola. Se imagina en medio de una selva durante meses, años.
Desde chica le gustaban los tipos así.
—Los rubios —dice— me caen insulsos.
La besan en la boca, en el cuello, por la espalda, por todos lados.
En un momento uno de ellos, el de Boulogne, le mete la lengua en el culito mientras se está besando con el otro.
Ella responde como una gata a todos los mimos.
Y por fin dice: háganme lo mismo que en el tren, nunca nadie me hizo algo así.
Ellos se ríen y le contestan que tampoco ellos habían hecho eso jamás.
El de Boulogne entonces la toma de la cintura y la pone en cuatro patas.
Ella clava sus uñas en el tapado de piel y él su pene dentro de ella.
El otro observa satisfecho mientras toquetea su pene para que se ponga bien duro.
Ella siente que su culito cede a la presión del de Boulogne y se abre con facilidad, la saliva había dado resultado.
Ve que el de Del Viso ahora se masturba lentamente, quiere estar bien alzado para cuando tenga que intervenir.
El de Boulogne se tira de espaldas sobre el tapado con ella empalada encima desde atrás y se la ofrece al otro morocho para que la penetre vaginalmente.
Ella escucha que el de debajo le dice al de arriba: ¿viste qué concha divina que tiene?
Y el otro que contesta: sí, es divina, muy cálida, jugosa, perfecta.
Ella jadea, la pone a mil que los tipos hablen de ella entre ellos mientras la cogen duro.
Esos tipos me volvieron loca, le dice a mi mujer.
Ella se mueve como puede entre esas dos murallas de carne.
Sentía sus músculos, besaba el cuello del de arriba y se dejaba besar el cuello y la nuca por el de atrás.
De tanto en tanto ella misma dejaba una boca y pasaba a la otra.
Movía la lengua cada vez que podía meterla entre los labios de alguno.
Se da cuenta que ahí puede jadear y gritar a su gusto.
En el tren tenía que reprimir los jadeos y llegar a orgasmos silenciosos.
Al verla jadear y pedir más y más, los tipos se entusiasman, le dicen cosas:
—Seeee, así, así, vamos, cogé, cogé, rubia, dale, ay que linda que sos… 
Al fin siente que le eyaculan en el culo.
Ella dice: no leche, no.
Lo dice más por excitarlos y excitarse que por otra cosa, el chorro fue potente.
El de adelante le dice: sí, sí, rubia, y además te voy a preñar.
Pura excitación, la mina no estaba en tiempo de quedar, se los había dicho entre Boulogne y Torcuato, así que valía toda fantasía.
Así que ella sigue la tierna mentira: sí, sí, sí, háganme un machito igual que ustedes, qué digo uno, dos, quiero dos como ustedes…
El que está dentro del culo cambia y trata de entrarle por la vagina sin mover su posición.
Al contarle a mi mujer, la rubia tenían los ojos chispeantes.
El de abajo por fin lo logra, ella está ahora con las dos vergas dentro del conducto vaginal y aúlla de placer.
Nunca tuve algo así, nunca, le dijo a mi mujer.
Al fin siente una eyaculación, no puede precisar bien si es el de arriba o el de abajo. Tampoco le importa porque al minuto recibe otro lechazo que la deja plena.
Los dos se preparan para levantarse pero ella les pide que se sienten.
Ahora ella dirigirá la cosa. Ellos sonriendo la dejan hacer.
Ven como la rubia succiona una pija, la deja, y va por la otra.
Ellos se miran, y uno le dice al otro: la verdad es que es para llevarla a casa.
Y el otro que contesta: sí, el tema es qué hacemos con nuestras brujas.
Los tres se echan a reír, y ella sigue chupando cuanto puede, pasando la lengua, limpiando agradecida.
Chupa y chupa hasta que los dos penes pierden turgencia.
Al rato se paran los tres, ellos la ayudan a vestirse, vos no hacés nada, y la visten como buenos caballeros.
Nadie habla después aunque se sonríen, no se atreven a preguntarse sus nombres.
Los dos morochos la acompañan hasta la parada del colectivo.
Mientras esperan, uno de ellos, el de Del Viso, parece querer decirle algo, el otro mira expectante. Pero no se atreve a decir nada, después hace un gesto de desconsuelo, murmura algo que nadie entiende, o que todos entienden.
Ella le confiesa a mi mujer que si le pedían el teléfono no se los hubiera dado pero que habría aceptado el de ellos.
El colectivo llega, ella sube, ellos se quedan un rato como esperando algo frente a la ventanilla.
Son buena gente, piensa ella.
De pronto ve que al de Boulogne se le está cayendo una lágrima, del otro no sabe porque se está mirando la punta de los zapatos pero intuye que también está triste.
Cuando el colectivo parte, ella los saluda con la mano, después no puede detener el llanto, sabe que no los verá más

(El tren)